Cabo Raso. Un lugar en el mundo.

Cabo Raso. Un lugar en el mundo.

Saliendo de Trelew, la ruta 3 avanza a través de la meseta patagónica alejándose del mar. La ruta es recta, y el paisaje  monótono, llano, con arbustos bajos y achaparrados por el viento. Solo algún cartel vial interrumpe cada tanto la monotonía. Son unos 50 Km hasta llegar al cruce con la ruta provincial 75 que sale hacia la izquierda en dirección a la costa. Algunas pequeñas elevaciones se destacan a lo lejos. La ruta asfaltada continúa por unos 20 km hasta el cruce con la ruta provincial 1, que está asfaltada hasta el ingreso a Punta Tombo. Luego, la ruta 1 es de tierra, y continúa acercándose al mar, hasta llegar a Cabo Raso. Son 55 Km de ripio, y , desde Trelew unos 150 km.

Finalmente, el mar azul y tranquilo se divisa a lo lejos. La geografía es árida y presenta algunas pequeñas elevaciones. El viento es permanente y constante, a veces fuerte. La ruta corre paralela al mar, por momentos entre una pequeña laguna de un lado y el mar del otro.  Apenas un grupo de construcciones aisladas aquí y allá, algunas casas derruidas por el  tiempo y el olvido, algunos árboles doblados por el viento, y un perro acostado en el medio del camino que, acostumbrado a la ausencia de autos que circulen se resiste a moverse y me mira pasar con su gesto cansado. Si, finalmente he llegado a Cabo Raso.

Bajo del auto y el viento se hace notar. Mi primera sensación es la de estar en fin del mundo, en el medio de la nada, en un lugar que los hombres decidieron dejar en el olvido. Viejas paredes de piedra derrumbadas por aquí y por allá, rastros de personas que algunas vez hicieron de este lugar alejado su hogar, lejos de la civilización y del progreso, cerca del silencio y de una paz que parece inalterable. 

La historia de este solitario lugar se remonta a allá por el año 1800, cuando comenzaron a llegar a la zona los primeros barcos trayendo pioneros que poblaron los campos para criar ganado. Sin embargo, el lugar comenzó a prosperar hacia fines del siglo XIX por dos motivos. Por un lado, pasaba por ahí la única ruta que unía las localidades de la costa Patagónica, y por otro lado, el lugar era un excelente puerto natural. Esto le otorgó a la zona una cierta prosperidad que sería fugaz. El pueblo llegó a tener alrededor de 200 habitantes, un almacén de ramos generales llamado “ La Castellana”, juzgado de paz, oficina de correo, telégrafo, casas, calles y una escuela construida en 1909 en piedra, a la cual acudían los niños de las estancias vecinas.  En 1925 se construyó el faro. Se dice incluso que un día del año 1900 recaló allí la fragata Presidente Sarmiento, en uno de sus viajes de instrucción.

Las historias y leyendas cuentan que en sus mejores épocas, los sábados a la noche, los gauchos y peones de los campos cercanos venían en sus caballos a “La Castellana”, que era el lugar de reunión. Allí  se jugaba a las cartas entre copa y copa como forma de pasar el tiempo en estas solitarias latitudes. También se cuenta que algunas noches, se hacían fiestas en la playa que se iluminaban con fogatas, a las que acudían los pobladores, vecinos y los pescadores que estaban de paso en el pueblo.

Sin embargo, años más tarde se decidió asfaltar la ruta Nacional 3. La antigua ruta de la costa dejó de utilizarse, y Cabo Raso dejó de ser el lugar donde paraban los vehículos que hacían su tránsito entre Trelew y Comodoro Rivadavia. Así, en poco tiempo el pueblo perdió su importancia, mucha gente se quedó sin nada que hacer, y lentamente sus habitantes fueron emigrando a otros lugares. El éxodo del pueblo culminó finalmente allá por el año 1985, cuando falleció la señora Mercedes Finat, dueña del almacén La Castellana, quien fuera su última habitante y se resistió a abandonar su hogar a pesar de quedar solitaria. Desde ese entonces Cabo Raso quedó casi en el olvido, convirtiéndose en un pueblo fantasma.

Camino sobre la calle desierta en dirección al cabo, despertando antiguos fantasmas e historias. A apenas 300 metros del caserío llama mi atención una construcción misteriosa, de forma triangular y gruesas paredes de hormigón, semi enterrada. Sí, es un búnker donde según se dice, las fuerzas armadas argentinas bajo el gobierno del Ex presidente Menem intentaron hacer una plataforma para el lanzamiento del frustrado misil Cóndor II. Una rara sorpresa en un lugar remoto, que hoy se ha convertido en un ocasional refugio de pescadores.

Más adelante, a un costado del camino y retirado del pueblo, se encuentra el pequeño y solitario cementerio, que cuenta con unas 25 tumbas que, silenciosas, miran hacia la eternidad del mar. Entre ellas, la más destacada es la última que se construyó, la de Mercedes Finat, la última habitante del Cabo, quien finalmente descansa en su lugar en el mundo por el resto de la eternidad. Otras tumbas recuerdan el paso de sus habitantes cuyos nombres grabados en el mármol se resisten al olvido: Tomas Ostua, Martin Echegaray, Ana Shulze, y Finn Olsen, de origen Alemán, quien ayudará a sus compatriotas desembarcados en estas tierras luego de la derrota de los Nazis en la Segunda Guerra Mundial. Los habitantes ya no están, y son sus tumbas el único testigo que queda de quienes en algún momento hicieron de este lugar solitario su hogar. Y el viento, por supuesto.

Más adelante, del otro lado de la península, en las restingas sobre la playa se hayan partido al medio los restos mortales del “Chubasco”, un pesquero de casi 20 metros de eslora que terminó sus días el 19 de Marzo del 2002 cuando, a raíz de un feroz temporal encalló con en estas costas con 8 tripulantes a bordo que por suerte lograron salvar sus vidas. Cuando la marea baja, es posible llegar hasta sus restos oxidados que se niegan a desaparecer y son mudos testigos del  poder destructor de la naturaleza.

Volviendo al pueblo, del otro lado, en la playa, se encuentra el faro Cabo Raso, una construcción de metal de 23 metros de altura, construido en 1925 y que comenzó a prestar servicio en 1928. Posee una luz blanca de 3 destellos cada 40 segundos y tiene un alcance de 11 millas náuticas. Su misión es señalar los bancos de arena de Punta Pescadero.

Actualmente Cabo Raso ha vuelto a cobrar vida. Lentamente, en los últimos años, algunas personas fueron llegando los fines de semana en busca de la cautivante belleza y soledad de este lugar apartado. Algunas familias se fueron instalando por períodos más largos, y algunas casas se reciclaron como alojamiento para aquellos visitantes que querían quedarse unos días disfrutando de los sonidos del silencio y la paz de este lugar. 

El mar golpea fuerte. El viento ha cesado y el horizonte es una explosión de colores. Cae la noche en Cabo Raso.

 

Experiencias reales

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Luciana De Martin Lucas (Lu)
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Fernanda Esa
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Fue nuestra primer experiencia en hacer un viaje en Cruzero la pasamos genial y Silvana nos ayudó con trámites que teníamos que realizar a la distancia, que no podíamos hacer desde donde estábamos siempre atenta y con voluntad, eso vale un …

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Increible la experiencia Tulipanes, un paraiso, excelente la atención de Costa Azul, atentos, siempre respondiendo a inquietudes. El hospedaje muy bueno, la excursiones bárbaras, siempre puntuales, Ruben muy buen guía y Brian excelente conductor. Todo soñado!! muchas gracias.

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cinthia colombres
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Una experiencia hermosa. La amabilidad, la disposición de la agente Silvana y de la agencia para organizar todo. Impecable! Super recomendable. Un viaje ideal, no hay que preocuparse por nada, solo disfrutar. La excursión Cruce Andino entre Argentina y Chile, maravillosa!

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Paula Flores
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Quería agradecerle a Silvana por la excelente organización de nuestro viaje a la Patagonia. Todo estuvo impecable: la planificación, los servicios y la atención en cada detalle. …

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Rosana Papazian
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Excelente la atención de Silvana. Compré un paquete a Bariloche y Cruce Andino. Todo impecable.

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Blanca Vega
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Agradecida a Silvana por el asesoramiento y seguimiento de mi estadía, excursiones que por cierto fueron bellísimas. Muchas Gracias !!

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VERONICA LOPEZ
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